Carta del Gobernador de Corrientes Pedro Ferré al Gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas en apoyo a las notas del representante de Corrientes Manuel Leiva al gobernador de Catamarca Tadeo Acuña (julio 1831).

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 Carta del Gobernador de Corrientes Pedro Ferré al Gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas en apoyo a las notas del representante de Corrientes Manuel Leiva al gobernador de Catamarca Tadeo Acuña (julio 1831).

 Breve introducción:

A principios de junio de 1832 el diario porteño El Lucero del publicista Napolitano Pedro de Angelis cercano al rosismo publico cinco cartas, una del representante de Corrientes Manuel Leiva al Gobernador de Catamarca Tadeo Acuña y de Juan Bautista Marín de Córdoba, dirigida también a Acuña y a  al Gobernador de La Rioja Paulino Orihuela.

En dichas misivas se denunciaba el intento del Gobierno de Rosas de posponer para mejor oportunidad la reunión prevista en el Pacto Federal para agilizar la Constitución de un estado federal, por el cual las provincias signatarias se habían reunido en la Comisión Representativa del Pacto Federal en la ciudad de Santa Fe.

Estas cartas llegaron a manos de Facundo Quiroga quien no dudo enviárselas a Rosas que utilizó todos los medios periodísticos a su alcance para denunciar por intrigantes a estos representantes.

 Rosas buscaba frenar la disidencia de los sectores federales de las provincias recurriendo al argumento  que el territorio todavía no estaba preparado para  la organización que establecía el Pacto Federal, señalando recurrentemente  la actividad de los Centralistas/ Unitarios de este impedimento.

En suma,  germinaba en este primer gobierno,  la idea de paz y orden rosista para los federales díscolos y los enemigos unitarios.  A esta polémica por la organización política se agregó la discusión fiscal sobre los recursos económicos que generaba la aduana de Buenos Aires y el debate sobre el sistema librecambista que beneficiaba a dicha provincia frente a la propuesta proteccionista enarboladas por Pedro Ferré gobernador de la provincia de Corrientes.

Hoy en Aportes ponemos a consideración de nuestros lectores la carta que dirigió el Gobernador de la provincia de Corrientes Pedro Ferré a su par de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas.

“…Si el Excelentísimo Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires se ha visto, como se advierte por su nota fecha 12 de mayo último, en el penoso deber de pasar al de Corrientes copia de la carta escrita por su comisionado D. Manuel Leiva al Sr. D. Tadeo Acuña con data del 9 de marzo del presente año, el infrascripto se ve en el mismo caso para contestar como es debido aquella comunicación.

 Al efecto ha procedido a examinar las líneas todas de la mencionada carta, y por más que se ha empeñado en des-cubrir el agravio inferido al Exmo. Gobierno de Buenos Aires, como se le persuade en la citada nota, no sólo no encuentra el delito atroz que se le atribuye a su comisionado, sino que ha advertido, no sin satisfacción, que en es-te procedimiento no ha hecho más aquél que dar una prueba inequívoca de su patriotismo y de la fidelidad a los justos mandamientos del pueblo que representa: sentimientos, Exmo. Sr., manifestados antes de ahora de conformidad con lo general de la República a pesar del esfuerzo con que el egoísmo ha pretendido sofocarlos.

 Para probar estos asertos, séale permitido al gobernador de Corrientes, violentando su carácter y los principios de su educación, expresar de un modo positivo, franco y sincero, su opinión al Exmo. de Buenos Aires con respecto a la carta acusada, analizando el verdadero espíritu de su tenor en los términos que sigue.

 Dice en su introducción el Sr. Leiva al Sr. Acuña “que en uso de su amistad le dirije su comunicación y que tanto por aquélla como por el importante objeto que contiene cree que será bien acogida-. En esta parte se equivocó tal vez el primero, porque si llegó a manos del segundo la citada carta y éste traicionó la confianza de aquél, no era realmente digno de su amistad; pero si la dicha carta no llegó a su título, es disculpable su remisión, sin dejar de llamar la atención pública sobre la ninguna garantía que en aquellos destinos tendrán las comunicaciones, que sin la menor duda es lo más sagrado en los pueblos donde hay libertad […].

 Después de sostener que las circunstancias eran propicias para la organización nacional, ya que todas las provincias la deseaban y estaban de acuerdo en cuanto a la forma de gobierno, concluye que:

A juicio del que suscribe, es únicamente cierto número de hombres de esa provincia (Buenos Aíres) a quienes puede convenir el sistema de aislamiento, por el ascendiente que tiene sobre ellos el extranjero; fuera de éstos no es posible concebir haya un solo argentino que no desee ver constituida y organizada la nación.

Y pasa entonces a sus temas favoritos: la necesidad de proteger la producción regional y la cuestión de las rentas nacionales:

Sobre la benemérita provincia de Buenos Aires, digna ciertamente de la mejor suerte por los sacrificios que ha prodigado en favor de la causa común, pesan los mismos males que gravitan sobre las demás por la indiferencia con que su gobierno ha mirado los intereses de la comunidad, como va a demostrarlo el que firma. Supuesta la franqueza que se ha dado al comercio extranjero, mírese en ese pueblo cuál es hoy la suerte de los artesanos delpaís y de familias enteras con la introducción de las obras hechas de extranjería, con cuyo trabajo e industria proporcionaban su subsistencia en otro tiempo y que ahora se han visto en la dura necesidad de abrazar otro partido menos honroso a la vez ¡Ah, Excmo. Señor! Fíjese por un momento en la suerte de esa clase desgraciada, que es preferente al extranjero que reporta ventajas a costa de su miseria, y hallará que, inclinada la balanza en favor de ella, S.E. no podrá ser indiferente a dispensarle toda la protección posible, sintiendo su corazón por resultado !a más noble y agradable satisfacción. Obsérvese a los labradores, que en tiempo pasado derramando con poco trabajo el trigo sobre ese feraz territorio hacían su fortuna, y que hoy, con perjuicio de la poca que les ha quedado, por falta de protección se ven en la degradante urgencia de consumir la harina extranjera. Considérese también que los demás pueblos en sus distintas producciones sienten el mismo quebranto y de todo ello deduzca S.E. si no es justo que los amantes del país toquen todos los resortes posibles y promuevan los medios necesarios para evitar tales males.

 Esto y no más es lo que ha hecho el comisionado D. Manuel Leiva, quien concluye su comunicación indicando “que las rentas nacionales son el patrimonio de uno solo”, sin nombrar cuál sea éste; mas el que habla quiere suplir esta falta diciendo que es el gobierno de Buenos Aires. ¿Y es esto inexacto? ¿Las provincias que componen la República Argentina saben nada de sus rentas ni de su inversión? ¿En veintidós años que contamos de nuestra emancipación de la antigua metrópoli, se conocen acaso las que exclusivamente deben pertenecer a esa provincia, como sucede con las demás? ¿Cómo es pues que los pueblos han de reconocer que el de Buenos Aires sacrifica sus fondos en favor de ellos, como se ha decantado hasta ahora?

 Queda desde luego demostrado que la opinión del señor Leiva respecto a las rentas nacionales es exacta, y el infrascripto cesa de inculcar sobre la materia porque se ve en la sensible necesidad de bosquejar otra más amarga, hallándose en el caso de juzgar a su comisionado, reprendiendo o justificando el procedimiento de que se le acusan. Cuando él dice “que Buenos Aires únicamente ha de resistir a esta medida [la organización nacional] por estar en oposición a sus intereses”, ha tenido razones bastante poderosas para creerlo así: primero, por la oposición manifestada por el Excmo. Gobierno de Buenos Aires en la capital de Santa Fe por medio de su comisionado el señor Olavarrieta a la invitación que debía hacerse a las demás provincias por la comisión representativa con concepto a la antedicha atribución [atribución del artículo 5 de la comisión representativa del Pacto Federal], como es constante a no dudarlo en dicha ciudad y los mismos comisionados de los gobiernos aliados lo justificaron, si es que también no son considerados ya menos dignos de criterio. En segundo lugar, se ha hablado antes con bastante generalidad que uno de los primeros cuidados del ejército de Buenos Aires cuando entró en Córdoba fue persuadir con frívolos pretextos que no era oportuna la reunión de la Nación; y aunque el Gobierno de Corrientes, bien dispuesto a no dar crédito a voces vulgares, se hizo entonces el deber de es-cuchar con desprecio aquellas indicaciones, que no hacían honor a uno de los respetables gobiernos que por el tratado del 4 de enero parecía haberse ligado con los demás litorales bajo la mejor buena fe, ahora que tiene a la mano documentos que acreditan la preindicada oposición del señor Olavarrieta y que ha sido efectiva la circulación de cartas a los pueblos del interior a! mismo objeto de prevenir no manden sus diputados a la comisión, el infrascripto no puede menos que convencerse de la realidad de las noticias que se han propagado con respecto a dicho ejército al mismo intento.

Compárese pues la indicada conducta con las sinceras y atentas expresiones de la carta escrita por el diputado de Corrientes, y juzgue el público imparcial cuál de ambos procedimientos debe sindicarse de anárquico, si el que se opone a que el país se organice sobre base sólida o el que trabaja para conseguirlo.

Después de evocar los peligros que amenazarán al país si no se concretara la organización nacional, vuelve a la defensa de su diputado:

¿Y a dónde se descubre esa calumnia atroz? ¿Qué tiene de vergonzoso esta carta? ¿Dónde está la justicia con que se le acusa? Sería necesario consentir que en el día la verdad se ha convertido en calumnia y que es vergonzoso dais su opinión un amigo a otro sobre los medios que pueden facilitar la constitución del país, que, si queremos tener patria, debernos apetecerla con ansia, procurando remover los inconvenientes que se oponen a su consecución, que es todo el contenido de la sobredicha carta.

 A consecuencia de lo relacionado, el gobernador de Corrientes no dista ya de creer que el Excmo. de Buenos Aires quiera, a pretexto del incidente de que se trata, infringir su solemne compromiso, contraído por el de esta provincia como su primer negociador [Ferré recuerda que él fue comisionado de Corrientes durante las negociaciones preparatorias del Pacto Federal ] con toda aquella previsión que una bien meditada desconfianza le hizo resentir los resultados que desgraciadamente hoy ve realizados. Pero aún hay más, Excmo. señor, ¿sería éste un procedimiento Justo, por criminal que fuese la comportación del comisionado de ‘Corrientes y la de otros al inferir el agravio de que se queja S.E., para privar a la nación de la oportunidad que se le presenta para labrarse el bien a que aspira y en cierto modo lo tiene ahora en sus manos a costa de in-mensos sacrificios que no son desconocidos? […]

Persuádase S.E. que el diputado de Corrientes en nada se ha desviado de sus deberes; que no ha hecho otra cosa que secundar la opinión bien marcada de sus comitentes; como consta por documentos que se han dado a la prensa en esa provincia y ésta y por la comunicación amistosa que el infrascripto ha tenido a bien dirigir a los gobiernos del Interior sobre el mismo asunto y de la que incluya a S.E. copia para su conocimiento …” (1)

Cita:

 (1) El fragmento y selección de la nota del 22 de julio de 1832, del Gobernador de Corrientes Pedró Ferré al Gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, como los comentarios (remarcados en negrita) han sido tomado de:

.-del Campo, Hugo, “Porteños y provincianos: La polémica Rosas-Ferré”, en; Documentos para la historia integral argentina, Centro Editor de América Latina, 1981, p.11:13. El lector que quiera leer el documento completo se le sugiere remitirse a:

.-Ferré Pedro, Memorias del brigadier general Pedro Ferré, Ed. Coni, Buenos Aires, pag.680.

Edición: Maximiliano Van Hauvart, estudiante UNMdP.

 

Carlos Van Hauvart

Carlos Alberto Van Hauvart
Es Profesor por la Facultad de Humanidades de la UNMdP, docente regular en la Carrera de Historia de la FH, en las materias de Americana Contemporánea y Didáctica y Practica de la Enseñanza. Miembro del GEL, CeHis, FH, UNMdP. También es Profesor Regular en la materia Historia del Ciclo Básico del Colegio Nacional Dr. Arturo Umberto Illia, Departamento de Ciencias Sociales, UNMdP.

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