Las máquinas del tiempo. Los mandarines chinos y “la campana que toca sola” (Fragmento) por Carlo M. Cipolla

Los mandarines chinos y “la campana que toca sola”

por Carlo M. Cipolla

“… 1- “Un cínico podría observar que si fueron la propaganda cristiana y la búsqueda de especias lo que los hizo quedarse allí” (1). Este comentario del Profesor C.R. Boxer vale obviamente también para los españoles, los holandeses, los ingleses, los daneses y los suecos. Dejando de lado a los misioneros, los europeos fueron a Oriente fundamentalmente para comerciar y hasta fines del siglo XVIII tuvieron bastante cordura como para comprender que las conquistas territoriales no estaban al alcance de sus posibilidades. Las conquistas intentadas por los europeos estuvieron limitadas, salvo algunas excepciones, a las islas y puertos destinados a hacer de bases para sus actividades comerciales. Conscientes de que su superioridad tecnológica y militar consistía en sus galeones armados, los europeos se contentaron durante casi tres siglos con el control del mar durante casi tres siglos con el control del mar y de las zonas costeras. (2)

Mapa de la expansión europea con texto de Carlo M. Cipolla

 

Cuando los europeos fueron por primera vez al Extremo Oriente se sintieron atraídos principalmente por las especias pero no pasó mucho tiempo antes de que se dieran cuenta que muchas otras mercaderías ofrecían excelente oportunidades de ganancia: esto paso con el cobre del Japón, algodón de la India, la seda y las alfombras de Persia, la seda, las porcelanas y (después de fines del siglo XVII) el té de la China. Lo terrible era que los europeos no tenían casi nada para ofrecer a cambio de los productos orientales. A partir de la Revolución Industrial en adelante, es habitual dar por descontada la superioridad occidental en lo referente a tecnología y producción y resulta difícil imaginar una situación en la que Oriente tuviera mucho que ofrecer, tanto en materias primas como en productos ya terminados, mientras que Occidente tenía muy poco para ofrecer que interesase a la gente de Asia. Sin embargo, esta era exactamente la situación que prevalecía en los siglos XVI, XVII y SVIII.

Los veleros armados de cañones les permitieron a los europeos dominar los océanos, neutralizar la navegación y el comercio musulmanes en el océano Indico y acaparar gran parte del comercio interasiatico. Suministrando plata japonesa a China, cobre japonés a China e India, clavo de olor de las Islas de las Especies a India y China, prendas de algodón indio al Asia sudoriental y alfombras persas a India, los europeos tuvieron grandes ganancias y el rédito derivado de esa actividad de intermediación les sirvió para pagar parte de las importaciones de productos asiático a Europa. …” (3)

Citas del autor:

1- Boxer, Portuguese in the East, pp. 192 y 214.

2- Cipolla, Velieri e cannoni, cap. 2 y conclusiones.

3- Cipolla, Carlo M, Las maquinas del tiempo. FCE, Argentina, 1998. pp (79-80).

Edición y corrección: Van Hauvart Duart, Maximiliano L. Estudiante de Letras. FH, UNMdP.

Carlos Van Hauvart

Carlos Alberto Van Hauvart
Es Profesor por la Facultad de Humanidades de la UNMdP, docente regular en la Carrera de Historia de la FH, en las materias de Americana Contemporánea y Didáctica y Practica de la Enseñanza. Miembro del GEL, CeHis, FH, UNMdP. También es Profesor Regular en la materia Historia del Ciclo Básico del Colegio Nacional Dr. Arturo Umberto Illia, Departamento de Ciencias Sociales, UNMdP.

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