Respuesta de un “Porteño” en la Gaceta Mercantil a los planteamientos del Gobernador de Corrientes Pedro Ferré.

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D.N.D.A. Registro de autor 5.301.535

 Breve introducción:

A principios de junio de 1832 el diario porteño El Lucero del publicista Napolitano Pedro de Angelis cercano al rosismo (1) publico cinco cartas, una del representante de Corrientes Manuel Leiva al Gobernador de Catamarca Tadeo Acuña y de Juan Bautista Marín de Córdoba, dirigida también a Acuña y a  al Gobernador de La Rioja Paulino Orihuela.

En dichas misivas se denunciaba el intento del Gobierno de Rosas de posponer para mejor oportunidad la reunión prevista en el Pacto Federal para agilizar la Constitución de un estado federal, por el cual las provincias signatarias se habían reunido en la Comisión Representativa del Pacto Federal en la ciudad de Santa Fe.

Estas cartas llegaron a manos de Facundo Quiroga quien no dudo enviárselas a Rosas que utilizó todos los medios periodísticos a su alcance para denunciar por intrigantes a estos representantes.

Rosas buscaba frenar la disidencia de los sectores federales de las provincias recurriendo al argumento  que el territorio todavía no estaba preparado para  la organización que establecía el Pacto Federal, señalando recurrentemente  la actividad de los Centralistas/ Unitarios de este impedimento.

En suma,  germinaba en este primer gobierno,  la idea de paz y orden rosista para los federales díscolos y los enemigos unitarios.  A esta polémica por la organización política se agregó la discusión fiscal sobre los recursos económicos que generaba la aduana de Buenos Aires y el debate sobre el sistema librecambista que beneficiaba a dicha provincia frente a la propuesta proteccionista enarboladas por Pedro Ferré gobernador de la provincia de Corrientes.

Hoy en Aportes ponemos a consideración de nuestros lectores fragmentos del texto de un “Porteño” publicado en la  La Gaceta Mercantil, atacando al  Gobernador de Corrientes Pedro Ferré:

 

[…] Mas entrando al fondo de la cuestión, ¿cuáles son esas rentas nacionales? ¿Son acaso el total de contingentes anuales en moneda que haya remitido cada provincia a Buenos Aires para los gastos generales? Pero hasta ahora no tenemos noticia de la más pequeña remesa. ¿Son acaso el producto de algunos impuestos que se hayan destinado Para sufragar esos gastos generales? Pero estamos ciertos que no hay ley alguna que los haya establecido […]¿Son acaso los derechos que recauda Buenos Aires por su aduana? Pero esos derechos han sido reconocidos por los congresos de la República como una propiedad de esta provincia, desde que mandaron que los sueldos y gastos que suministrase para el sostén de diputados de otras provincias le fuesen reembolsa-dos por sus respectivas cajas. De consiguiente, toda esa grita del señor Ferré acusando a Buenos Aires de usurpación de rentas nacionales no es más que un conjunto de calumniosos improperios que ha inventado la calumnia y la perfidia para convulsionar a los pueblos y sumir a la República en los horrores de la guerra civil [… ].

Es un principio proclamado desde el 25 de Mayo de 1810 por todos los habitantes de la República que cada una de las provincias que la componen es libre, soberana e independiente de las demás; luego, la de Buenos Aires puede usar sola de su territorio, costas de mar, puertos, ensenadas  y bahías, según lo estime conveniente para sus necesidades; puede sacar de ellas todas las utilidades de que sean capaces; puede comer-ciar con los que quieran prestarse a ello y puede permitir el comercio a otros estados bajo las condiciones que tenga a bien imponerles, y de consiguiente fijar los impuestos que deban pagar en la aduana los frutos de importación y exportación. Luego, ella es exclusivamente la verdadera dueña de todos los lucros que reporte tanto de sus costas y puertos como del comercio que haga con otros estados. Luego, siendo los derechos de su aduana lucros de ese comercio de importación y exportación con las naciones extranjeras, a ella sola le pertenecen exclusivamente […].

Con efecto sería preciso tener formada la cabeza, como suele decirse, a escoplo y maceta, o tener muy maceteado el cerebro, para no conocer la pérfida y tortuosa conducta que de años a esta parte ha observado el señor Ferré en su carrera pública con relación a los intereses generales del estado. Es bien sabido que, después de haber sido la persona más influyente para que la provincia de su mando no prestase cooperación alguna a la dispendiosa guerra contra el emperador del Brasil, ha propendido a la usurpación que se ha hecho a la República de 500 mil o más cabezas de ganado vacuno,  que como un cuantioso  botín tomado al enemigo debió adjudicarse a I resarcimiento en parte de los inmensos gastos hechos por la República para la expresada guerra.

Que, desentendiéndose de que Corrientes es una provincia de la República Argentina, que por sí sola no puede entrar en tratados ni relaciones políticas con ningún gobierno extraño, los tiene privados y secretos con el del Paraguay. Que ha hecho sus tributarios a los pueblos de la República obligando a los buques que vienen de aquella provincia [el Paraguay] con destino a Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires a que aduanen en Corrientes y paguen allí exorbitantes derechos por el tabaco, a fin de destruir el comercio de este artículo y obligar a dichos pueblos a que consuman precisamente el correntino, que es mucho más inferior en calidad.

Que conociendo las ventajas preferentes que ofrece a estos pueblos el comercio del Paraguay respecto del de Corrientes, él, por medio de esas relaciones secretas y misteriosas que ha entablado con el dictador Francia, procura hacerlo exclusivo entre las dos provincias, sugiriendo a Francia ideas y prevenciones contra los demás gobiernos litorales; y después de la paz con el Brasil no sólo le hizo entender que el de Buenos Aires trataba de invadir al Paraguay, sino también le ofreció su auxilio y cooperación para defenderlo.

Que siendo el pastoreo y cría de ganado el medio más expedito de proporcionar subsistencia y aún adquisición de riquezas a todos los habitantes de Corrientes, como esta ocupación no admite monopolio, porque cualquiera puede ser ganadero o pastor, ha puesto tales trabas al comercio e industria del país que, haciendo decaer el precio del ganado, somete una gran parte de la población a la necesidad de ser jornalera, y a sacrificar el sudor de su rostro al monopolio de unos cuantos plantíos de caña dulce con establecimiento de alambique, que sólo pueden poner y conservar por medios violentos el señor Ferré y algunos otros de su círculo.

Que el principal de estos empresarios es el mismo señor Ferré quien, prohibiendo la introducción de aguardientes y azúcar de cualquier otra parte alambica a todo Corrientes. Obligándolo a consumir su solo aguardiente al precio que él quiere imponerle, y lo mismo una tierra parduzca y melosa que él fabrica con el nombre de azúcar.

Que en medio de los clamorosos alaridos de fingida compasión que hace resonar en sus indecentes libelos contra Buenos Aires aparentando defender la causa de los demás pueblos argentinos, igual impuesto de 15 y 18 % de introducción carga a los efectos que van de dichos pueblos que a los procedentes de puertos extranjeros como son los del Estado Oriental. Y debiendo, para ser consecuente, acordar la introducción exclusiva de los vinos y aguardientes de Mendoza y San Juan y prohibir la de harinas extranjeras, prohíbe indistintamente la de todo aguardiente, aunque sea del país, y permite introducir libremente harinas y vinos extranjeros con iguales derechos que los del país, pagando las harinas un impuesto muy moderado.

Y que por todos estos medios injustos, violentos e injuriosos a los pueblos argentinos, se hace de un cuantioso ingreso de rentas que absorbe

sin ayudar con un centavo de ellas a los gastos que demanda el sostén de las relaciones exteriores ni el pago de la deuda y compromisos nacionales contraídos no por el gobierno de Buenos Aires, como provincial, sino como general de toda la República, autorizado por todos los pueblos Que la componen.

Esta conducta fraudulenta tan pérfida, tan aleve y perjudicial a toda la República, produce en el señor Ferré los mismos sobresaltos y temores que el robo .en el ladrón, y hace que recele de todos los pueblos y gobiernos argentinos pero con especialidad de los de Santa Fe y Entre Ríos que como más cercanos le observan más prolijamente sus intrigas y usurpaciones y sienten mucho más que otras los males que ellas producen.

Mas el señor Ferré desde que dejó en la playa del río la maceta y el formón, y de un triste carpintero de ribera (cuyo oficio, ciertamente, no lo deshonra) se ha visto repentinamente elevado al rango de coronel mayor y gobernador de una rica y muy importante provincia, sin haber prestado servicio alguno particular al país, y sin otro título que haber intrigado con felicidad en medio de un pueblo tan sencillo como es Corrientes, se ha considerado con derecho a ocupar un lugar distinguido entre los primeros ciudadanos de la República, y creyendo que los señores gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos son unos hombres susceptibles de cualquier vana impresión, ha concebido que le es muy fácil alucinarlos y distraerlos de la atención hacia él, adulándolos y lisonjeándolos con ciertas fatuidades y manías contra Buenos Aires que se ha propuesto hacer valer a su modo.

A esto está reducida la sabia y profunda política del señor Ferré. Su objeto es que todos los pueblos de la República estén en continua discordia para que no se ocupen en contener los fraudes y usurpaciones que ha cometido y prosigue cometiendo contra ellos en Corrientes. Nada le es más temible que la paz de la República, nada más odioso que la organización general. Él es el único que desea y-debe desear para siempre el sistema de aislamiento, porque sólo bajo de este sistema puede sostener el estanco, monopolio y fraude con que se ha propuesto enriquecerse y enriquecer a los de su círculo. Esos alaridos y ese furor contra los que resisten la reunión de un Congreso en las presentes circunstancias es porque conoce que sin él se mantendrá la paz en la República y que entonces tal vez el mismo pueblo de Corrientes sea el primero en tomarle cuentas de sus inicuos manejos…”(2)

Cita:

(1) Ver estudio preliminar de: Myers, Jorge, Orden y Virtud, el discurso republicano en el régimen rosista, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1995, pp.11:131.

(2) del Campo, Hugo, “Porteños y provincianos: La polémica Rosas-Ferré”, en; Documentos para la historia integral argentina, Centro Editor de América Latina, 1981, pp. 16:18. Ver Gaceta Mercantil 31/8/32.

Edición: Maximiliano Van Hauvart, estudiante UNMdP.

 

Carlos Van Hauvart

Carlos Alberto Van Hauvart Es Profesor por la Facultad de Humanidades de la UNMdP, docente regular en la Carrera de Historia de la FH, en las materias de Americana Contemporánea y Didáctica y Practica de la Enseñanza. Miembro del GEL, CeHis, FH, UNMdP. También es Profesor Regular en la materia Historia del Ciclo Básico del Colegio Nacional Dr. Arturo Umberto Illia, Departamento de Ciencias Sociales, UNMdP.

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