Cañizares-Esguerra, J.; Católicos y puritanos en la colonización de América, Editorial Ambos Mundos Fundación Jorge Juan Marcial Pons Historia, Madrid, 2008, pag. 407.
ISBN 13:978-84946567-65-1
«…Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
El domingo 19 de septiembre de 1649 una multitud se congregó a lo largo de los caminos que unen el convento franciscano de Lima y la catedral de la ciudad para asistir al traslado de la más sagrada de sus reliquias, un pedazo de la cruz de Cristo de plata donada por el papa Urbano VIII (1568-1644) a la Iglesia del Perú. El acontecimiento se hizo coincidir con la orquestación de una nueva campaña dirigida a erradicar la idolatría en el arzobispado de Lima. El recién designado arzobispo Pedro de Villagómez (1585-1671) había encomendado a siete de los sacerdotes y misioneros más experimentados de la capital hacer de avanzada en esta campaña. Los siete esperaban ahora la orden para adentrarse en el interior del territorio. Portaban unos estandartes blancos cada uno con una cruz verde y con un lema escrito en letras escarlata: «Levate signum in gentibus» («Llevad vuestros estandartes a todas las naciones») y «Ecce Crucem Domini, fugite par-tes adversae» («He aquí la Cruz de Dios, huid enemigos») . Según explicó Villagómez en su epístola pastoral dirigida a todo el clero de su archidiócesis, estos visitadores eran soldados de Cristo a punto de iniciar el segundo capítulo de una épica lucha que venía entablándose en el Perú contra d diablo. Apoyándose en la epístola de San Pablo a los de Éfeso (cap. 6, versículos 10-17), Villagómez instaba a los visita-dores y a los curas de parroquia a que se convirtieran en caballeros del Señor: «Finalmente, mis hermanos, sed fuertes en el Señor, y en el poder de su fuerza. Lucid toda la armadura de Dios, de manera que podáis manteneros firmes contra todos los males del demonio. Porque nosotros no luchamos contra la carne y la sangre, sino contra principados, contra poderes, contra los gobernantes de la oscuridad de este mundo, contra la maldad espiritual de origen celestial. Poneos por tanto toda la armadura de Dios, y estaréis en condiciones de resistir en malos tiempos y, una vez lo hayáis hecho, aguantad. Manteneos así, con vuestras lanzas de la verdad en ristre, y puestas vuestras pecheras de la rectitud, y vuestros pies calzados con el evangelio de la paz; y, por encima de todo, llevad el escudo de la fe, con el cual seréis capaces de parar todos los fieros dardos del maligno. Y portad el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios»2. Villagómez pensaba que este espíritu de cruzada era necesario porque el Nuevo Mundo había estado durante largo tiempo bajo el control de Satán. Embaucador y maestro del engaño, el diablo había ejercido a lo largo de siglos un dominio absoluto sobre los inocentes y fácilmente manipulables nativos de Perú. Esta soberanía sin resistencia había sido, sin embargo, desafiada con la llegada de los ejércitos de Francisco Pizarro. Los conquistadores habían dado comienzo a un proceso de liberación de los indígenas de manos del dominio brutal, implacable y tiránico de Satanás, pero el demonio no se mantenía ocioso, sino que había contraatacado. …» (1)
Cita:
(1) Cañizares-Esguerra, J.; Católicos y puritanos en la colonización de América, Editorial Ambos Mundos Fundación Jorge Juan Marcial Pons Historia, Madrid, 2008, p. 17:18.
Edición y corrección: Van Hauvart Duart, Maximiliano L. Estudiante universitario FH, UNMdP.