Declaración del cautivo Blas Pedrosa, diciembre de 1786
Declaración que de orden del Excelentísimo Sr. Virrey de estas Provincias se recibió en la Secretaría de Cámara a Blas Pedrosa, fugitivo de los Indios Infieles y presentado en las Salinas al comandante de la Expedición Don Manuel Pinazo. Preguntado: De dónde es natural, cómo se llaman los Padres, qué edad tiene; y sí de estado, soltero o casado. Responde: Que es natural de la Coruña. Hijo de Don Blas Pedrosa y de Doña Francisca Bon, y de estado soltero, siendo de edad veinticinco años.
Preguntado: Cómo fue su venida a estos reinos y el haber sido cautivo de los Infieles, cuánto tardó en su fuga y cómo lo logró.
Responde: Que vino a estos reinos con los permisos correspondientes al año de 1776, recomendado a la casa de don José Ignacio Faybo de donde pasó a la de don Rafael Martínez, que a la sazón tenía más proporciones de acomodarle en la carrera de comercio en que se propuso establecerse; pero que habiendo venido a pocos días a esta capital un eclesiástico (de cuyo nombre no se acuerda) provisto canónigo de la Santa Iglesia de Chile, y ofrecido protegerle, en razón de haber tenido amistad con sus padres, determinó seguirle.
Que en la continuación de su viaje y en las inmediaciones de Córdoba fueron sorprendidos de porción de indios en el paraje llamado el Saladillo de Ruy Diaz y aunque todos los que iban en la tropa de carretas, detrás de ellos, procuraron defenderse cuanto les fue posible, mataron al expresado canónigo con otras cuarenta personas, e hirieron al que declara en la espalda, con un golpe de lanza, le dejaron últimamente la vida, como a dos esclavos del mismo canónigo. Me llevaron cautivos los caciques Anzeman y Canevayon, a sus tolderías que a la sazón tenían situadas con número de mil indios en las Salinas de [Theraco o Thecaco] quedando Pedrosa esclavo del primero y los dos citados del segundo con quien ha permanecido el espacio de nueve años y medio sin haber podido conseguir su fuga, aunque la intento en diferentes ocasiones, y principalmente a los cuatro años y medio de su cautiverio, que dirigiéndose por las pampas para esta frontera, fue seguido y alcanzado antes de llegar a ella y conduciéndole a la toldería que subsistía en el paraje citado, le castigaron cruelmente, le hicieron una saladura en el lagarto del brazo derecho, en señal de prófugo y le dejaron la vida a instancias de un indio cuñado del cacique con quien tenía estrecha amistad. Que en otras diferentes ocasiones ha deseado salir de la esclavitud y unirse a los cristianos, pero jamás se le presentó una capaz de osar de ella con oportunidad y sin el inminente riesgo que le amenazara de ser interceptado, hasta que hallándose últimamente en Pichernancomu con su amo y este noticioso de que los españoles estaban en Salinas, distantes dieciséis leguas de sus toldos, despachó dos indios con esta noticia al cacique Puelgan, que estaba separado una corta jornada hacia el norte y habiendo vuelto estos sin hallarle, por no ser prácticos del terreno resolvió por último enviar al declarante, que aprovechó esta ocasión dirigiendo su camino, a las expresadas salinas, donde encontró la expedición a cuyo comandante se presentó.
Preguntado: A qué toldería fue conducido, en qué paraje se hallaba, si ha subsistido en ella todo este tiempo, qué naciones y caciques ha conocido, número de toldos de cada uno, qué gente de pelea juntarían entre todos, y sí tenían baqueanos cristianos, de dónde son y sus señas.
Responde: Que lo llevaron a la toldería que deja referido y estaba situada en el paraje citado en que permanecieron treinta lunas, que de ella pasaron a Ñañay donde subsistieron doce, que después la mudaron a Sanimalal en que estuvieron catorce hasta que por último se establecieron en Pichernancumu desde donde pasó a incorporarse en la expedición de Salinas. Que en este tiempo ha conocido diferentes naciones de indios sujetas a varios caciques como son Uhilches, Pehuenches, Chilenos y Ranquelches, que tienen de quince a veinte toldos cada uno, y su total fuerza ascenderá a seiscientos hombres de pelea sin incluir mujeres ni niños de ambos sexos. Que tienen infinitos cautivos, pero que duda se sirvan de ninguno para baqueano a excepción de Anzeman a quien acompaña voluntariamente un español vecino de San Juan del Pico casado en la toldería con una india y llamado Juan de Dios, que se ejercita en servir de espía a este cacique en las invasiones anticipándose a los parajes en los que premeditan, vestido a la española e instruido de las proporciones y puntos por donde puede hacerse la entrada vuelve a la toldería, y dirige la acción: que estas las ha ejecutado en repetidas ocasiones, y con especialidad en Areco el año de 1779, matando por sí mismo muchos cristianos, hiriendo a otros y robando a todos con el trozo de indios que llevaban a su orden; y últimamente cometiendo toda clase de maldades a que naturalmente le inclina su carácter intrépido, inhumano y opuesto a los católicos, calidades con que lisonjea a los infieles y le adquieren entre ellos amor y respeto. Que tendrá como veinticinco años de edad de estatura proporcionada, ojos azules, color blanco, pelo rubio y que tiene una cicatriz grande en una de las rodillas.
Preguntado: Qué caballada tienen, de qué carnes subsisten, dónde la adquieren y si aquellos campos son abundantes de pastos y aguadas.
Responde: Que el número de caballada que poseen no pueden determinarse así porque usan de ella para su común alimento, como porque tiene más o menos según sus urgencias surtiéndose de las de sus naciones vecinas en caso de invasión, o haciendo una recogida cuando tienen escasez: que comen generalmente la carne de potro y yegua y alguna vez la de vaca, que matan cuando necesitan su cuero, adquiriendo estas en las entradas que hacen en tierras de cristianos y conservándolas cuidadosamente ya para este fin o al de cambiarlas por estribos, tientos o espuelas: sus campos abundan de pastos, por lo común en las cuatro estaciones del año, y que la abundancia de sus manantiales es tal que rara vez les obliga la falta de agua a variar de situación.
Preguntado: Qué caciques observan entre sí amistad, cual lleva la [ilegible] entre todos, y si además de los nombrados se les unen otros [de mas] arriba; qué naciones son, en qué tiempos bajan a sus tratos, vienen con sus familias, en qué número y qué comercio hacen.
Responde: Que por lo común todos los caciques observan amistad entre sí, que tienen a Llancatruz, por más poderoso entre ellos y [son fieles] a sus determinaciones: que a principios del verano suelen [venir] de la sierra de los renquelches, pehuenches y chilenos, en [grupos] de doscientos a trescientos, dejando en los toldos a sus familiares y traen ponchos, mantas, pellones y chapeados que cambian por yeguas, caballos y vacas.
Preguntado: Si durante su cautiverio ha sabido o concurrido a las invasiones contra los cristianos, qué caciques mandaban sus fuerzas, qué parajes o jurisdicciones acometieron, robos y cautivos que llevaron y en qué modo y forma hacen sus entradas.
Responde: Que por distintas ocasiones han repetido los indios, con quien estaba, las invasiones sobre los cristianos y aunque decisivamente no puede determinar su número ni paraje, porque siempre lo dejaban en los toldos, recelosos de que pudiera huirse, dice que la primera fue en Areco donde robaron ganado caballar y vacuno, algunas ropas y se trajeron algunos cautivos. La segunda en las Barrancas jurisdicción de Córdoba con igual efecto, en varias tropas de carretas y arrias de mulas, y alguna vez en la frontera de Luján: que comúnmente se unían con su amo para estas acciones a mas de los cuatro caciques nombrados, Lorenzo, Catriel y Toro, pero que estos se le han separado, por lo que respecta a incursiones, desde que establecieron paces con esta frontera, conservando no obstante una buena armonía entre sí a pesar de la desconfianza con que los mira de resulta de este hecho: que la fuerza con que invadían, no puede decisivamente determinarla porque variaba según las ocasiones, que en unas se juntaban quinientos hombres en otra setecientos, y en algunas hasta dos mil; que sus entradas, las hacen para lo que ha oído a los indios respecto a que como deja dicho nunca los ha acompañado, sobre la madrugada, llevando a la vanguardia una partida exploradora. Que el centro lo ocupan los indios de pelea en pelotón, y la retaguardia los muchachos o chusma que llevan a su cuidado la caballada: instruida la partida exploradora del terreno y ventajas que ofrece la ocasión, retrocede a informar al que hace cabeza, y éste dispone la acción, comúnmente adelantando los muchachos y sus caballos, para que hagan la recogida del ganado desplegando el pelotón en ala se llevan por delante las personas y cuanto puede serles útil; que si no lo son estos por su mucha edad o poca robustez les quitan la vida reservando únicamente a los muchachos de poca edad, que ocupan en domar potros y en el acarreo de leña y agua: que en la retirada varían el orden de marcha haciéndola por distintos parajes que fueron: que avanzan a distancia de media legua porción de bomberos con el cuidado de reconocer el terreno de su frente y costados. Los muchachos, caballada y hacienda, siguen a éstos con los cautivos, acompañados con algunos indios de pelea y la retaguardia la cubren los restantes, en pequeños trozos, hasta llegar a sus toldos. Que éste es el método que observan comúnmente en sus invasiones y el que parece guarda el cacique Llancatruz en la que medita sobre Areco, El Salto y Luján con otras naciones, que tiene avisados para que se le incorporen.
Preguntado: Cómo ha llegado a su noticia que intente Llancatruz ésta acción, qué fuerzas reúne para ella, tiempo en que la premeditó, puntos de que salen los diferentes indios que convoca, armas que usan, cuál es el paraje de su unión; y últimamente instado a que diga en el particular, cuánto sepa y baste a dar un perfecto conocimiento de sus ideas.
Responde: Que pocos días antes de haberme separado de la toldería llegaron a ella a vender ponchos dos indios de Llancatruz, quienes dijeron que su cacique había despachado charques a los inmediatos para que repusieran sus caballadas y se aprontaran para la acción. Que como ignora el número de naciones que se unirán no puede graduar el de su fuerza, pero en razón de que los caciques amigos de aquel son los más poderosos de la indiada, no parece difícil sume dos mil hombres de lanza, bolas y lazo a quienes acompañará Anteman, con los [ilegible] quinientos de sus toldos, según su juicio, si Canevayan y Curisipay, que hicieron últimamente las paces en las Salinas no lo atraen a su partido, como lo infiere de la amistad que conservan. Que el punto de reunión no dijeron los indios citados pero en razón de sus conocimientos y de que eligen para semejantes casos aquellos parajes más abundantes de pastos y aguas: hallándose los caciques movidos en la cordillera, deduce que será en ella o sus inmediaciones, el paraje de que salgan, ignorando totalmente el tiempo en que lo ejecuten en razón de que no lo prefijaron los indios que refiere y que como la llegada de estos a la toldería, fue tan inmediata a los días de su salida (en que aprovecharon hasta los instantes para meditar la fuga con todas aquellas ventajas que le libertaran de riesgo) ni tuvo lugar, ni lo procuró de instruirse de todas las demás circunstancias que contiene la pregunta, y son ajenas de su conocimiento.
Preguntado: Si sabe dónde están situados los hermanos del cacique Negro, y que puedan tener parte en la convocatoria:
Responde: Que no ha conocido al cacique por quien es preguntado, ni a los hermanos, pero que sabe están situados en las partes del sur, sin que le sea fácil determinar el paraje en razón de que nunca a andado por aquellos, y sólo se refiere a lo que a oído a los indios cuando le contaron la muerte de aquel y que tenía paces con los cristianos, y en fuerza de ella, no se persuade hayan sido de los convocados por Llancatruz.
Preguntado: Si la muerte del cacique Negro de que habla fue natural o violenta, y que refiera sus circunstancias, en los términos que las entendió.
Responde: Que habiendo el cacique Negro muerto, algunos días hace, a [dicho] un chileno de tierra adentro, y quedándole a éste un hijo, a la sazón pequeño, que le sucedió, vino a los toldos de aquel con su indiada y dejándola emboscada detrás de un pequeño monte, que estaba inmediato se introdujo solo, a pretexto de cambiar ponchos y pellones, por yeguas y vacas, con cuyo motivo y el de haber bebido ambos con exceso vengó el ofendido su resentimiento quitando la vida a puñaladas al citado cacique sin darle lugar a defenderlo.
Preguntado: Si el agresor fue cogido de los indios del muerto, o si consiguió su fuga después del hecho.
Responde: Que el agresor permaneció tranquilamente en la toldería persuadiendo a los indios, que su acción había sido a impulsos de su venganza, y como esta es entre ellos permitida, ni aquellos ni los hermanos del difunto hicieron el más leve movimiento, dejándole retirar cuando le acomodó, sin oposición.
Preguntado: Qué naciones no se les unen a éstos últimos en sus incursiones, si viene de enemistad con ellas, o de que observen la Paz con los cristianos y si algunas de los que nombra la mantienen con las fronteras de Mendoza.
Respondido: Que las naciones desunidas de las que deja citadas son únicamente las que gobiernan los caciques Toro, Lorenzo y Catriel y que la razón cree, sea porque han hecho paces con esta frontera, y persuaden a otros a que la soliciten, como lo realizaron con los que últimamente a su instancia las pidieron, sin que pueda decir cuales, la tengan con Mendoza por no haber llegado a su noticia.
Preguntado: Que caciques se reunieron para la última entrada que han hecho en la jurisdicción de Córdoba, por qué puntos la dirigieron, con qué fuerzas y a que parajes se han retirado, expresando si mantienen en él las personas que cautivaron, su número y que ganado u otros efectos cogieron.
Respondido: Que el cacique Nerrepuento, situado en sus toldos, treinta leguas al sur de los que estaba el declarante, fue únicamente quién emprendió la acción, dirigiéndose desde ellos a la Cruz Alta con ciento veinte indios por donde se introdujo: que regresó al punto de su salida, con diecisiete cautivos de ambos sexos, conservando en su poder los que hizo por sí, y en el de los indios los que cada uno recogió conforme a su costumbre; y que trajeron igualmente crecido número de yeguas sin que tenga noticias de que se hubiesen hecho dueños de otros efectos, ni se lo persuade, en razón de que por lo común desprecian todos aquellos, de que no usan.
Preguntado: Si tiene algo que añadir a esta Declaración, o si puede producir alguna otra especie que fundada en sus conocimientos y noticias adquiridas, en el dilatado espacio de su cautiverio, dé una idea de las intenciones de los infieles, sobre alguna de las fronteras de este superior mando.
Respondido: Que lo que tiene declarado es únicamente cuanto sabe en el particular sin que haya ocurrido a su memoria ninguna otra especie que pueda ser útil al servicio de S. E y hubiera producido cumpliendo con sus deberes.
Buenos Aires, 8 de diciembre de 1786.
Mayo, Carlos (Ed.), Fuentes para el estudio de la frontera, voces y testimonios de cautivos, fugitivos y renegados. (1752-1790), Grupo Sociedad y Estado “Ángela Fernández”, F.H., Depto. De Historia, UNMdP, 2002, pp.(64:70).
Edición y corrección: Van Hauvart Duart, Maximiliano L. Estudiante de Letras. FH, UNMdP.