Aportes de la Historia

Notas dispersas sobre Historia

España después de la independencia hispanoamericana | Diana Duart | Cap 48 | Historias coloniales

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España después de la independencia hispanoamericana | Diana Duart | Cap 48 | Historias coloniales

Guion por Carlos Van Hauvart y Diana Duart

Alguna vez te preguntaste cuáles eran los sentimientos españoles en la Península con respecto a la Guerra de Independencia que se estaban gestando en sus colonias y que pasó cuando estas lograron su objetivo. Esta tal vez es la pregunta relevante que se plantea Michael Costeloe.

En primer lugar, hay que recordar que durante 1808 a 1814, la Península española fue invadida por tropas francesas. Los españoles lucharon su propia guerra de independencia cuyo objetivo principal era expulsar a los franceses. En marzo de 1814, Fernando VII abandona el Castillo de Vallenca en donde estuvo prisionero de Napoleón Bonaparte. Tendrá como objetivo poner fin al intento liberal plasmado en la Constitución de 1813 en Cadíz y recuperar a sus colonias.

Compartía la mirada de los españoles de  lo que sucedía en sus colonias. Costeloe nos señala “Para muchos, las actitudes y opiniones con respecto a los rebeldes y las insurrecciones no derivaban ni podían derivar solamente de una observación imparcial y objetiva del curso de los acontecimiento, sino más bien una reacción emocional, fuertemente matizada por sentimientos de patriotismo y de orgullo nacional. Les era imposible  concebir circunstancia alguna en la que los territorios americanos tuvieran derecho moral o práctico de buscar su libertad de la madre Patria”.

Para numerosos españoles  las demandas de libertad que planteaban los americanos con respecto a la dependencia colonial con España eran ingenuas y una falta de agradecimiento por lo que significó España para sus colonias. Esa línea argumental la denomina como tesis de la  ingratitud. Era sostenida también, en parte, por un grupo en particular: los comerciantes españoles que sabían que sus beneficios se reducirían con el fin del comercio colonial y deberían reformular los lazos comerciales con sus ex colonias.

Para la elite política que administraba el Imperio también la ingratitud explicaba su estado de ánimo al desconocer los beneficios que la constitución liberal de 1812 les otorgaba a las colonias. Sin embargo los criollos, que participaron en dicha redacción de la Constitución, vieron como tanto liberales y monárquicos absolutistas trataban con desdén a los americanos  oponiéndose a las demandas criollas de más autonomía frente al centralismo de Madrid. Los criollos comprendieron que nada cambiaría para estos, gobernaran los liberales o los monárquicos absolutistas. Debemos recordar que con la vuelta de Fernando VII termino el experimento liberal en España y se restauro el absolutismo.

Las acusaciones contra los criollos continuaron con los liberales o los absolutistas al romper definitivamente el vinculo colonial que las unía con España y comenzaron el dificultoso transito que significó la guerra de independencia.

Asi lo explicaba en 1829 Antonio Casanovas del Castillo: “Nosotros no éramos usurpadores, bárbaros o tiranos en América, ni siquiera una raza conquistadora o enemiga…”. Entendiendo que en algún momento los americanos comprenderían los sacrificios que España realizó en dicho continente.

Muchos intelectuales españoles durante la década de 1820  afirmaban que la reconquista de las excolonias sería fácil, visto que los criollos se habían sumergido en guerras civiles fractricidas y muchos habitantes recordaban con nostalgia el orden imperial. Esta tesis se la denomina de la reconquista y buscaba imponerse por las superioridad militar. Los ejemplos que daban se referían a las rebeliones de Hidalgos y Morelos en el Virreinato de México y como el Gobierno del naciente Estado mexicano después de 1821 cayó en un caos generalizado. 

El antecedente del intento de reconquista se remontaba cuando Cádiz, que fue testigo, a finales de 1814 y comienzo del siguiente año de los preparativos para pacificar a los rebeldes y sofocar los focos revolucionarios. La flota comandada por el General Pablo Morillo tenía como objetivo Buenos Aires.

Pero para otros esa idea era absurda y España debía configurar un nuevo tipo de relación con sus ex colonias. Estos decían que si no se podía continuar con las colonias de ultramar por medio del consenso entre las elites criollas y la Corona española, era un absurdo amenazarlas militarmente. En todo caso, cada vez más funcionarios entendían que las ex colonias se habían perdido definitivamente y había que aceptar esa realidad.

 

Edición

Maximiliano Van Hauvart, FCSYTS-UNMDP

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